Recordaron los expertos que, algunos de los indicadores más precisos de
la salud humana se encuentran en fluidos presentes en cantidades extremadamente
pequeñas, tales como, Lágrimas, líquido
cefalorraquídeo o líquido prostático entre otros los cuales contienen
información clave sobre inflamación, deshidratación o enfermedades de un
paciente.
La conductividad eléctrica refleja la concentración de iones disueltos
en el líquido y es un indicador esencial de la fisiología. Cambios en este
parámetro pueden señalar deshidratación, desequilibrio electrolítico o
inflamación. Los sensores tradicionales, basados en electrodos metálicos, son
difíciles de miniaturizar y presentan problemas de deriva, contaminación y
sensibilidad a interferencias.
Para superar estas limitaciones, los investigadores transformaron la
señal eléctrica en una respuesta óptica. Mediante técnicas avanzadas de
microfabricación por impresión láser, crearon una cavidad Fabry-Perot
microscópica en el extremo de la fibra óptica que refleja la luz de forma
sensible a cambios en la concentración de iones.
El sensor incorpora un microcapilar y una membrana de filtración que
permiten la entrada selectiva del fluido. Las fuerzas capilares atraen
automáticamente el líquido hacia la zona de detección, mientras que la membrana
bloquea partículas grandes como proteínas o células, asegurando que la señal
óptica refleje únicamente los iones responsables de la conductividad.
En pruebas de laboratorio, la sonda demostró estabilidad incluso con
decenas de nanolitros de líquido, un volumen muy inferior al requerido por la
mayoría de sensores actuales. Al basarse en detección óptica, se evitan
problemas típicos de electrodos, como la polarización o la degradación química.
El profesor Qi-Dai Chen, uno de los autores del estudio, precisó: “muchos fluidos clínicamente
relevantes solo están disponibles en cantidades mínimas. Para analizarlos de
forma continua, necesitamos sensores que funcionen a esa escala y que sean
resistentes a las condiciones complejas del cuerpo humano”.
El diseño compacto y la elevada relación de aspecto de la sonda la hacen
apta para mediciones invasivas, como el análisis de líquido cefalorraquídeo en
vías estrechas o la monitorización dentro del tracto gastrointestinal. Además,
la tecnología es adaptable: modificando materiales o estructuras en la punta de
la fibra, se podrían crear sensores para medir temperatura, pH o biomoléculas
específicas.
Este trabajo evidencia cómo la microfabricación de precisión y la
fotónica avanzada están transformando los instrumentos de diagnóstico,
permitiendo mediciones dentro del cuerpo donde el espacio es limitado y las
condiciones difíciles de controlar. Aunque aún no se ha demostrado su eficacia
en organismos vivos, el estudio establece un camino para sensores capaces de
rastrear continuamente señales fisiológicas en volúmenes microscópicos. La
posibilidad de analizar la composición química de apenas una gota de fluido
promete un avance importante en la detección temprana y la monitorización
médica en tiempo real.
--*Los contenidos de ConSalud están elaborados por periodistas
especializados en salud y avalados por un comité de expertos de primer nivel.
No obstante, recomendamos al lector que cualquier duda relacionada con la salud
sea consultada con un profesional del ámbito sanitario.
Fuente: Salud Digital.

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